12 de noviembre de 2015

-”Soy prostituta”.

“Ahota tienes que dormir. Cierra los ojos y cuando los abras mamá ya habrá venido”, le dijo Rosa su hija, al tiempo que terminaba de maquillarse. Falda de cuero negra, dinero y preservativos en el bolso. El oficio más antiguo del mundo estaba en marcha.
Salió de su casa y lo primero que hizo fue ir a casa de su camello para proveerse de heroína. Pues bien puesta se trabajaba mejor.
Acto seguido, en su Diane 6, fue a un prostíbulo de la carretera de Santiago. Lo primero sería introducirse en el baño a ponerse “jaco”.
A continuación se presentó a la madama: “Hola reina”, contestó Mercedes.
“Hoy tengo para ti a una pandilla de jóvenes en despedida de soltero” “Pero mientras vienen hazle un buen trabajo a ese señor: Alfredo, ha oído hablar mucho de ti”, destacó la madame.
Y el resto de la noche es fácil de imaginar: Sexo oral, anal y sadomasoquismo -sobre todo con el mencionado caballero-.
Acabada la sesión, de nuevo se introdujo en el cuarto de baño a ponerse. Y ya eran dos veces el mínimo que necesitaba para mantenerse colocada de heroína.
Arrancó el Diane 6 y retornó a casa. Eran las seis de la mañana.
Berta le había desobedecido y permaneció despierta hasta que volvió su mamá.
Y haciendo análisis de la situación Rosa recordó cuando trabajaba en la calle, en el madrileño parque del Oeste, que fue cuando se enganchó a la heroína.
Ahora por lo menos estaba a cubierto
Y el tipo de clientes era también mucho mejor. La calle estaba llena de locos.
Llevaría a su hija a la parada del autobús a las siete y media y luego dormiría hasta la hora de comer. por kikovacanillas

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